setTimeout ("redireccionar()", 500); Jazzed

sábado, enero 20, 2007

Tú pareces un anciano quisquilloso encerrado en el cuerpo de un tipo de 20 años que si se afeita la barba luce de 15 o quizá menos, quizá 4 años y porta su hebilla del chico manco… Y a veces también pareces un niño pequeño y berrinchudo que quiere un dulce o una paleta, usualmente chicles, que comparte conmigo y después deja olvidados, en otras ocasiones luces como un topo albino que detesta el sol, muchas veces pareces simplemente Humberto, el Humberto que tiene un montón de música en la lengua y que le gusta ver vagos, el Humberto que me regaló un planeta y no me lo ha entregado, que tantas veces ha pintado la luna de verde y me prometió una big band, al que le meto cosas en las orejas, hojitas, varitas, mi dedo, al que le muerdo la nariz y se pone marica y le muerdo el hombro y retuerzo sus dedos y su barba feliz, a veces pienso que te divierte divertirme, no lo sé, lo cierto es que no te molestas y tampoco me pongo en paz, pero es divertido, o como tu lo llamas; divertido sólo para mí. Ese Humberto con el que he compartido un montón de minutos, de horas, de mensajes, de conversaciones sin sentido alguno, el que toca a Melquíades de una manera homosexual, el mismo instrumento que me asusta porque cuando sueño con él; me ataca, el que toca la guitarra y canta, bueno hace como que canta, el que me obsequió DVD’s y están guardados bajo llave para no perderlos, porque bien lo sabe, los pierdo, el que me cuenta aventuras de su infancia y conoce las ranas y le teme a los leones desde su ventana, al que llora y ríe y grita, al que le prometí cambiarle los pañales durante la senectud y hacérselos de tela para que no se rozara, con quien tendré un sin fin de árboles frutales para entonces y un jardín enorme con mucho lodo y mecedoras dobles, con quien tocaré algún día un sax verde en la azotea, quien pide ser arrastrado por tierra húmeda y ser asado como un lechón en jugo de naranja, el que ha compartido tantas piezas musicales conmigo y yo algunas con él, quien quería montar un circo de cucarachas, el que entiende a la pantera rosa y ríe de ella, el que odia los caldos, la cerveza y la chusma, el mismo que quiere guardar mi voz en un frasquito y dejarme en una banca rellena de periódico para asustar a las crías, el mismo que me llama cría, a quien le amo la nariz y las manos e independientemente cada uno de ésos dedos. Humberto; el que me enseñó a hacer trompetillas y descubrió que mi dedo pulgar adopta una manera extraña al doblarse, el que camina y camina y camina aunque sus pies no se muevan y dio clases a ancianas gustosas de tenerle ahí, al que pasa noches en vela tocando seductoramente a Juanita o escuchando historias literalmente embriagadas y destacando las palabras graciosas, aquél Humberto que podría perderse eternidades haciendo jazz o escuchándolo o mordiéndole unas notas a la música. El que me dio un hijo y lo mandó a quién sabe donde y yo lloré y ahora tendrá una hija de Wilson Pereira, el que vive bajo mi cama y me muerde la mano y se aparece en medio de la noche para asustarme un poco, el que tiene brazos de bufanda y alas y una oreja dobladita, el que hace la voz “rara” y me hace reír… y reír y reír, y reímos. El que no me deja sola, aunque llueva. Al Delio que me cambió su nombre y me ha dado tantas estrellitas al Delio azul, a ti, simplemente Gracias, sólo quería decirte eso.








Currently listening:
Jaco Pastorius ~ Giant steps.