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domingo, febrero 04, 2007

Un buen día abres los ojos, no recuerdas el sueño, despiertas y observas el techo, después tus manos... la oscuridad aún es perceptible, te tallas los ojos y piensas, piensas en muchas cosas, sin sentido, cosas grandes, pequeñas, cosas alternas, amarillas, rosas, entra por tu nariz un viento más bien helado y se siente bien, puedes respirar libremente en mucho tiempo, sigues sobre la cama, colocas las manos a los costados y no te mueves y sigues pensando en cosas erróneas, tu vejiga te recuerda que aún funciona pero sabes que puedes ignorarle un poco más, necesitas disfrutar más de ése delicioso silencio amenazador, abrumador, pero delicioso finalmente, un par de viejas canciones saltan a tu mente y tu corazón comienza a palpitar fuertemente... pasa ése sentimiento y le sigue una oleada de fragancia que tú bien conoces, aspiras hasta lo más hondo, el aroma vive, se corporiza, cosas efímeras, sí; más bien éso... exhalas suavemente segura de que ésa esencia quedará impregnada en tu memoria y tu piel el resto de tus días a pesar de que sólo la percibiste unas cuántas ocasiones, volteas a la ventana, el vidrio empañado te advierte que no hace mucho que cesó de llover, inclinas la mitad de tu cuerpo y sales de la cama, te sientes diferente, SIENTES, sales al balcón, está muy frío, aspiras hondamente, te fascina ése aroma húmedo, un montón de nubes grises te saludan y tú solo sonríes, te sientas en la orilla y observas el cielo que tantas veces fué el protagonista en esos sueños compartidos, rascas tu cabeza, jalas un poco de tu cabello, tocas tus pies fríos... un ave pasa y le observas, comienzan a caer finas gotas de lluvia sobre tu rostro, te gusta sentirlas, por primera vez ante éste espectáculo no has pensado en él, hasta ése momento, pero entonces descubres que no duele, y sonríes... Entras de nuevo a la habitación, buscas un par de cosas que te provocan toda ésa intranquilidad, las tomas entre los gélidos dedos, te sientas al borde de la cama y las observas como si fuesen a desaparecer en un instante; las hueles, sí, es la misma esencia, quieres descubrir algo oculto, quieres conservar la esperanza, quieres... quieres algo, resoplas sin encontrar nada mientas decides donde ponerlas para no verlas a diario, por fin decides que dentro de esa caja estarán bien, no te quieres deshacer de ellas pero tampoco quieres que te sigan lastimando, las colocas con cuidado ahí, parecen tener vida, parece que en cualquier instante se volcarán contra ti, aún dentro de la caja las sigues observando como si fuese a ocurrir un milagro, porque después de tanto tiempo, parte de ellas fué lo que alimentó tu sentimiento, de momento comprendes que nada ocurrirá, cierras la caja, das media vuelta y como por arte de magia toda la confusión se ha ido, sabes que se siente maravillosamente bien, y por primera vez en mucho tiempo te encuentras en un estado neutro en el que crees no necesitar nada ni a nadie, no querer nada ni nadie, no buscar nada, ni nadie, por fin se acabó la ansiedad. Fué entonces cuado dí la media vuelta y decidí sacarte de mi cajón.







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Barry White ~ Let's just kiss and say goodbye.