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sábado, junio 02, 2007

La incertidumbre nunca la perdono.
Siempre estuvo a la mitad.
Mi mitad.



Cada vez más intoxicado, se concentró de nuevo en la vista que la ventana mostraba y cuya transformación había atestiguado durante horas enteras. Fue el marco de aluminio y no su contenido lo que saltó con fuerza hacia su foco de atención. Fue entonces cuando reparó en lo poco que uno ve de verdad a las ventanas. Sí, es la vista que contienen, por supuesto, lo que importa. Para eso son, para eso fueron hechas. Sin embargo, qué del pobre recuadro horadado sobre la pared: grande, pequeño, centrado o no, de piso a techo o de muro a muro. Divertido ante esa nueva ocurrencia, tan brillante cuanto absurda ante sus ojos que advinaba cada vez más inyectados, decidió hacer el ejercicio: contemplar la ventana y no lo que ésta dejaba ver, calcular sus medidas y su trazado, sus contornos. Le pareció de golpe que lo que tenía enfrente era un ventana perfecta, armónica y proporcionada, incluso noble. Una ventana que pese a haber sido condenada a enmarcar una vista amplia y espectacular, guardaba decoro y el profesionalismo que toda ventana seria deber mantener. Ventana y espectador entablaban, pues, una suerte de diálogo entre objeto inerte y hombre drogado, coqueteaban hasta fundirse y devenir puntos de vista.






Cántame al oído.
Cántame, cántame.




Currently listening:
Neal Morse ~ Somber days.